← volver al blog editorial

Qué es una buena tasa de apertura

por el equipo de Emalia · 27 de junio, 2026 · 5 min de lectura

Mandaste tu campaña, entrás a ver los resultados y ahí está el número que todos miran primero: la tasa de apertura. Un 18%, un 25%, un 40%. Y enseguida viene la pregunta inevitable: ¿está bien eso? ¿Es mucho, es poco, es normal?

Te voy a dar el número que viniste a buscar. Pero antes, algo más importante: ese número ya no significa lo que creés.

El número que viniste a buscar

Como referencia, una tasa de apertura sana suele ubicarse por encima del 20% o 25%, según el rubro y el tipo de envío. Por debajo del 15% conviene encender una alarma: lo más probable es que tus asuntos no estén enganchando o que tus correos estén cayendo en spam. Las listas chicas y muy comprometidas superan esos valores con facilidad; las grandes y más frías quedan por debajo. Y un dato importante para esta región: en Latinoamérica los promedios tienden a correr algo más abajo que en Estados Unidos o Europa, por costumbres de consumo y contexto, no porque lo estés haciendo mal.

Si tu número entra en ese rango, vas bien. Pero quedarte tranquilo —o preocupado— solo por ese dato sería un error, porque la tasa de apertura dejó de ser tan confiable como era.

Por qué ese número hoy miente

La tasa de apertura se mide con un truco invisible: cada correo lleva una imagen diminuta que, al cargarse, avisa que el mensaje fue abierto. Funcionó bien durante años. Hasta que la privacidad cambió las reglas.

Desde que Apple introdujo su protección de privacidad en Mail, el sistema precarga esa imagen por su cuenta, abra la persona el correo o no. ¿El resultado? Una enorme cantidad de "aperturas" que nunca ocurrieron: las registró un servidor, no un ser humano. Si buena parte de tu lista usa iPhone o Mail de Apple —y en LATAM son muchísimos—, tu tasa de apertura está inflada y no lo sabés.

El número que sí importa

Por eso conviene correr el foco hacia una métrica que no se deja engañar tan fácil: el clic. Para que alguien haga clic en un enlace de tu correo, tiene que haberlo abierto de verdad, leído y decidido actuar. No hay sistema que precargue una intención.

La apertura te dice, en el mejor de los casos, que tu asunto no espantó a nadie. El clic te dice algo mucho más valioso: que tu contenido le interesó a una persona real, al punto de querer más. Si tuvieras que elegir un solo número para saber si tu email funciona, ese es el que mirarías. Como referencia, un buen porcentaje de clics suele ubicarse por encima del 2% o 3%, aunque —de nuevo— lo más honesto es compararte con vos mismo, campaña a campaña.

Una apertura puede ser un robot. Un clic siempre es una persona.

Cómo leer bien tus números

Nada de esto significa que tengas que ignorar la apertura. Significa que hay que ponerla en su lugar: sirve como tendencia, no como verdad. Compararte con vos mismo —¿este asunto abrió mejor que el anterior?— es útil. Compararte contra un promedio ajeno, o festejar un 45% que en realidad son sistemas de Apple cargando imágenes, no lleva a ninguna parte.

La lectura sana mira el conjunto. Aperturas para detectar tendencias en tus asuntos, clics para medir interés real, bajas y quejas para cuidar la relación. Un solo número nunca cuenta toda la historia, y menos uno que quedó a medio camino entre lo que era y lo que la privacidad lo convirtió.

Mirá el cuadro completo

Para decidir bien necesitás ver todo junto, sin quedarte con la métrica que más infla el ego. En Emalia tenés a la vista lo que de verdad mueve la aguja —aperturas como referencia, clics como señal real— para que ajustes tus campañas con datos que siguen siendo ciertos, no con un número que el tiempo dejó viejo.

Porque medir no es juntar porcentajes lindos. Es entender qué le pasa a tu mensaje cuando llega a la otra punta, y usar eso para escribir, la próxima vez, algo todavía mejor.

¿Querés medir lo que de verdad importa?

probá Emalia gratis, con contactos ilimitados y sin tarjeta.

empezar gratis
seguí leyendo
Qué es el email marketing (y por qué sigue funcionando)
Por qué el email marketing no te funciona (y no es culpa del email)
Cómo usar el email marketing en tu marca personal