Qué son las etiquetas (o tags) en email marketing

Tenés una lista de contactos que fue creciendo con el tiempo. Hay clientes y curiosos, gente que te compra seguido y gente que llegó una vez y no volvió, personas interesadas en una cosa y personas interesadas en otra. Pero a la hora de enviar, todos figuran igual: una fila tras otra de direcciones, sin nada que las distinga. Y si no podés distinguirlas, solo te queda mandarles lo mismo a todas.
Las etiquetas existen para resolver justamente eso.
Qué es una etiqueta
Una etiqueta —o tag, en inglés— es una palabra que le asignás a un contacto para registrar algo sobre él. Funciona como esos stickers de colores que alguien pega en una carpeta para encontrarla rápido después: una marca breve que guarda una información.
Esa información puede ser cualquier cosa que te sirva: de dónde vino el contacto, qué le interesa, qué compró, en qué evento lo conociste. Por ejemplo, a quien se anota desde tu formulario de un curso podrías ponerle la etiqueta "interesado-fotografía"; a quien ya te compró, "cliente". Un mismo contacto puede tener varias etiquetas a la vez, porque una persona es muchas cosas al mismo tiempo.
Sin etiquetas, todos tus contactos parecen la misma persona.
Las tres formas en que se asignan
No todas las etiquetas las ponés a mano. Según cómo se asignan, hay tres tipos:
- Manuales. Las ponés vos, una por una, cuando querés registrar algo que solo vos sabés: "vip", "hay que llamarlo", "conocido del evento de marzo".
- Automáticas. Las asigna la plataforma sola, sin que hagas nada. Por ejemplo, marcar de dónde vino cada contacto: si entró por un formulario o si lo importaste desde un archivo. Así, sin esfuerzo, siempre sabés el origen de cada persona.
- Mixtas. Una combinación: se asignan solas, pero también podés ponerlas o sacarlas a mano cuando haga falta.
Para qué sirven, en concreto
Una etiqueta, por sí sola, es solo un dato guardado. Su valor aparece cuando la usás, y hay dos usos principales.
El primero es segmentar: filtrar tu lista para escribirle solo a quienes comparten una etiqueta. "Mandá esta campaña únicamente a quienes tienen la etiqueta cliente."
El segundo es disparar una automatización: una etiqueta puede poner en marcha una secuencia de correos automática. En el momento en que a un contacto se le asigna la etiqueta "interesado-fotografía", puede arrancar sola una serie de emails sobre ese curso.
Las dos cosas tienen su propia nota: cómo funciona ese recorte, en audiencia y segmento; y cuáles automatizaciones conviene tener, en las automatizaciones que todo negocio debería tener.
Pocas y claras, no muchas y confusas
Hay una tentación a evitar: etiquetar todo. Si terminás con cincuenta etiquetas que no recordás para qué creaste, no te sirven de nada. El objetivo no es tener muchas, sino tener las que vas a usar de verdad.
Una buena regla: antes de crear una etiqueta, preguntate si en algún momento vas a querer enviarle algo distinto a ese grupo. Si la respuesta es sí, la etiqueta tiene sentido. Si no, es solo desorden con otro nombre.
Cómo se usan en Emalia
En Emalia etiquetás tus contactos de las tres formas: a mano, de manera automática según su origen, o combinando ambas. Y esas etiquetas no quedan ahí guardadas: alimentan tus segmentos y pueden disparar tus automatizaciones, para que cada persona reciba lo que tiene sentido para ella.
Es el paso que convierte una lista de direcciones en algo que entendés: en lugar de un montón de contactos iguales, un conjunto de personas que sabés quiénes son y qué les interesa.
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